Papa te llamas,

papa y no patata,

no naciste con barba,

no eres castellana:

eres oscura como nuestra piel,

somos americanos,

papa

somos indios.

Profunda y suaves eres,

pulpa pura,

purísimo rosa blanca enterrada,

floreces,

allá adentro en la tierra originaria […]

Tierra de cardones que florecen con un cielo limpio como escenografía.

Tierra de vicuñas, llamas que caminan, corren en rebaño por cerros coloridos acompañados por el sol y el silencio.

Las llamas en el mundo andino merecen especial atención  y según describe un museo arqueológico e histórico de Huacalera .El desierto paisaje puneño ofrece un medio ideal para el desarrollo de los camélidos. Los primeros pobladores de la Puna ya habían domesticado a la llama de la que obtenían la carne y lana para el consumo de las familias y su excedente para intercambiar con otras comunidades.

En los Andes, la llama se convirtió en el animal de carga por excelencia. Soportando hasta treinta kilogramos de peso. En jornadas de 20 km diarios caravanas de llamas recorrían grandes distancias por sendas y caminos incaicos de los cuales quedan numerosos vestigios en Jujuy.

Detrás del cultivo de la papa se entremezclan tradiciones, poblados ancestrales con una valiosa tradición, con memoria, afrontando dificultades pero también lleno de posibilidades.

Cultivar en la Quebrada de Humahuaca a más de 3900 metros de altura es la esencia de los campesinos que usan las mejores papas de la cosecha como papa semilla para la próxima siembra.

Vivir de la tierra entre cerros, quebradas, valles y las yungas (selva en altura) no es tarea fácil.

El proyecto Bioconexión   busca conectar al consumidor con el productor para alentar la posibilidad de vivir de la tierra, rescatando los saberes y los recursos locales, buscando darle un valor agregado al trabajo campesino. 

En el Noroeste también funciona el Plan Cocinar que también arma nexos entre cocineros y productores locales para intercambiar conocimientos sobre los productos autóctonos.

Hay variedades de papa andina como la Desirée, muy popular en Chile, de cáscara roja y pulpa amarilla clara. Otras variedades utilizadas son la Revolución, Collajera, Malcacha, Salí, Tuni, Cuarentona, Yuruma y Waicha entre otras. La papa proporciona vitamina C, se ha comprobado que comiendo 2 papas con cáscara por día alcanzamos lo que  necesitamos de esta vitamina además de aportarnos vitamina A, B, B2, B6, B11, H,  y K.

Las propiedades nutritivas de la papa aparecen en la cáscara y en su proximidad, es por eso importante habituarse a consumirla con la cáscara; pero cuidando lavarla muy bien.

Favorece al organismo en la digestión por el aporte de almidón y fibras. Y los beneficios continúan ya que contiene proteínas, potasio, magnesio, zinc, fósforo, hierro y antioxidantes que retardan el envejecimiento celular.

Las comunidades, a la luz de este escenario,  pueden así reivindicar los productos territoriales  para permitirle al que consume “sentir la tierra” con todos los sentidos.

Asegurarle a una comunidad que su producción tiene compradores, rompe el círculo sombrío que enfrentar especialmente las nuevas generaciones.

La papa andina que hoy integra tanto los menús familiares como los platos gourmet demuestran que el esfuerzo transforma a todo un pueblo y forja un futuro lleno de luz para los jóvenes que fieles a sus raíces centrales buscan no abandonar su terruño.

Su piel cede a los dedos […]

Papa

materia dulce,

almendra de la tierra,

la madre allí

no tuvo metal muerto,

allí en la oscuridad […]

Honrada eres como una mano

que trabaja en la tierra[…]

enemiga del hambre […]

Oda a la papa. Neruda